Estamos hablando de una mujer de carácter, artista completa y compleja: pintora, escritora y, para lo que nos atañe, una compositora de nivel y música con todas las letras; guitarrista de pro, muy conocedora de esas afinaciones abiertas que tan bien encajan en sus composiciones, y en este disco y otros con el bajo de Pastorius (escuchad God Must Be a Boogie Man, del álbum Mingus).
El disco Hejira abre con la canción Coyote, un tema de una fuerza descomunal con “solo” voz, guitarra, bajo y percusión, donde Mitchell demuestra su destreza como guitarrista, letrista y compositora, y Pastorius ofrece, una vez más, una lección descomunal de lo que es el bajo eléctrico, algo que Jaco volvió a hacer en todos los temas que grabó con Joni Mitchell (hubo un tiempo en que el Jaco Pastorius que más me gustaba era el de los discos de Mitchell). Y a la percusión, la increíble Bobbye Hall, que da un color que engrandece al dúo de amigos (buena elección la percusión en lugar de una batería).
Mientras escribo esto estoy escuchando el disco; ahora ha saltado Refuge of the Roads, me parece brutal, otra vez a trío. Este tema me hace viajar a principios de los ochenta; me veo sentado, aún fumando, alucinando con lo que escucho en mi equipo Yamaha de segunda mano. Ahora ha empezado a sonar el tema que da título al disco, otra barbaridad de canción. Hacía tiempo que no escuchaba este álbum.
Como resumen, por no alargarme, diría que es un disco imprescindible de una Joni Mitchell que dio su máximo junto a su amigo Jaco Pastorius. Creo que estoy a punto de llorar (con la edad me he reblandecido https://youtube.com/shorts/0OSGJMgf0_w?si=xmk94OBtC0CFr95G ), lo que me faltaba: esas notas del clarinete para apuntalar mi ternura; voy a secarme las lágrimas. Es un disco hecho con un buen gusto y calidad indiscutibles; cuando escucho estas cosas de mi pasado pienso que la música actual ha muerto un poco; a veces, mucho (cosicas de abuelete).
En este espacio poco hablaré de las letras de las canciones; nunca me he fijado mucho en lo que dice la voz, siempre me he quedado más con su calidad y personalidad, y con la melodía que canta. Cuando la música me llama mucho, toda mi atención marcha hacia las notas más que hacia los textos; además, no controlo el inglés, aunque cuando alguna canción me gusta mucho siempre acabo buscando traducciones. En este caso son dignas de leer: hablan sobre la pérdida, el deseo, la soledad, la huida, la libertad y la mujer.
Es posible que este año o el siguiente Joni Mitchell recupere más presencia pública; se baraja la posibilidad de hacer un biopic sobre ella protagonizado por Meryl Streep. Con la biografía de Mitchell y Streep dándole vida, huele a otro Óscar para esta tremenda actriz.
Acabo este texto y está sonando Black Crow. Juro, prometo o lo que sea necesario para convencer, que este disco no tiene un tema malo. Esta voz enamora, este bajo enamora y estas guitarras… La eléctrica de este tema (Black Crow) es la de Larry Carlton, músico habitual de sesión y cercano al entorno de los protagonistas.
Anécdota: Una vez, un músico americano con el que compartí camerino me contó que Carlton habría recibido un disparo en casa de Joni Mitchell, supuestamente una “bala perdida”. No he encontrado confirmación fiable de ese episodio concreto. Sí consta, en cambio, que Larry Carlton fue víctima de un asalto con arma de fuego en Los Ángeles, hecho que lo apartó temporalmente de la actividad musical.
Me quedo escuchando el que cierra el álbum, Refuge of the Roads; de verdad, haced por escuchar este disco, es una obra de arte hecha por dos grandes amigos. (Pastorius murió en 1987, tras una paliza de un portero de discoteca. Jaco tenía problemas psíquicos que nunca quiso tratar por miedo a perder su arte).
Canto a mi pena y pinto mi alegría (Joni Mitchell)
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