No Reply, Beatles for Sale 1964
Desde Please Please Me (primer álbum de The Beatles) fue un sin parar para aquellos chicos, unos meses de un hacer frenético para la banda, cuatro discos, una gira agotadora y todo el éxito del mundo, el éxito también cansa y, sobre todo exige, una de esas exigencias era sacar material nuevo. Es posible que este sin parar es lo que hizo que volviesen a publicar un álbum en que metieron, de nuevo, composiciones de otros músicos, como siempre estas versiones son fantásticas. El que no hiciesen un disco integro con composiciones propias no era un retroceso, su música había avanzando, se nota un plus de calidad respecto a los álbumes anteriores, además seguía siendo un producto fresco que rezumaba esta alegría de vivir que les acompañó durante toda su carrera.
Mi canción de hoy es la que abre el álbum Beatles for Sale, en esta ocasión me veo por las calles del Poble Nou de Manresa junto a mi amigo Marc Prat Cases, es como si al escuchar, después de mucho, No Reply, esta canción me hubiese invitado a mirar por un mágico catalejo, en esa mirada circular me veo adolescente junto a Marc, de repente el círculo cataléjico se expande hasta desaparecer y, allí estamos, pasando por la calle Barcelona en un día soleado, el olor a galletas de la fábrica nos llama a entrar y comprar por una moneda un cucurucho de recortes galletiles, cucurucho en mano continuamos nuestro camino y nos da por cantar, oigo nítidamente la voz de mi amigo a mi lado entonando No Reply, oigo nuestro canto unísono utilizando aquel idioma inventado que habíamos creado por la falta del inglés en nuestras conexiones neuronales o donde sea que se instalen los idiomas en el cerebro. ¿Qué día dejamos de cantar juntos? No lo recuerdo, pero en ocasiones, como hoy, lo echo mucho de menos.
Sin poder evitarlo la corriente te arrastra río abajo, es inútil luchar contra ella, con el paso del tiempo el flujo se acelera y dejas de tocar de pies al suelo, ahora eres consciente de su brutal fuerza que serpenteante te conduce en un viaje desconocido y solitario, en este transcurrir vas dejando pedazos de ti en la orilla que no has de volver a rozar, trozos de vida que nunca vas a recuperar; pero en ocasiones, el sonido de una canción te regala ese catalejo pirata que por un momento te deja mirar por él aquello que se quedó en un remanso del recorrido y, con suerte, puedes volver a abrazar a aquel amigo que se quedó en la orilla del río de la vida.
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